Mesa de Diálogo: Discusiones en torno a las economías campesinas en la actualidad

“Discusiones en torno a las economías campesinas en la actualidad”

Revista Anthropía y otras cosas
14 de noviembre del 2014
Enrique Mayer, Jürgen Golte, Maria Luisa Burneo, Manuel Glave

En el evento de Anthropía más concurrido del año, con un ambiente alegre y no por ello menos riguroso, y contando con la presencia de estudiantes y diversos especialistas en la materia, el antropólogo y economista Enrique Mayer nos expuso algunas de sus reflexiones acerca de la economía campesina, las cuales fueron discutidas, comentadas y criticadas por otros antropólogos presentes. A continuación presentamos algunas de las ideas más importantes de esta interesante discusión.

ENRIQUE MAYER

Mayer inició su exposición cuestionando el “modo imperialista de manejar el discurso”, predominante en los economistas, que tiende a desplegar una mirada etnocentrista de lo “racional” reduciendo dicha categoría al costo-beneficio económico liberal, lo que de alguna manera universaliza en el marco teórico del investigador premisas liberales occidentales que no permiten entender a cabalidad las lógicas de pensamiento y acción del campesinado en su diversidad y multiplicidad. Mayer no niega la existencia de dicha racionalidad: en cambio, resalta que no es la única y que por ende debemos hablar de racionalidades en plural, algo que los antropólogos deberíamos tener claro.

Ahora bien, para entender la economía campesina Mayer cuestiona el modelo keynesiano de la circulación, el cual enfatiza la separación entre las instituciones casa-empresa: se supone que el sistema se auto-regula, y donde se ejercen impuestos, inversiones, ahorros, etc. El hogar es el lugar del consumo y de la reproducción social, mientras que la empresa es la institución para la producción de mercancías que el hogar consume: el mercado viene a ser entonces un espacio entre los dos, “un mediador que regula el flujo entre lo que se produce y lo que se consume”. Entonces, en este modelo, “¿Dónde entra el campesino?”: las unidades domésticas campesinas (UDC desde ahora) son unidades de consumo y de producción a la vez, pero lejos de ser autárquicas el vínculo de las familias campesinas con el mercado se ve significado por esta doble función: se preocupan de consumir y comprar tanto como vender, consumen cosas que no producen y producen cosas que no consumen: así por ejemplo, 40% de la comida de los campesinos pobres de Cuzco es comida no producida por ellos (estudio de Figueroa).

A partir de estas consideraciones, Mayer –siguiendo a Gudeman en su trabajo La economía de la casa– señala que la UDC sigue en buena medida lógicas de subsistencia y de mercado a través de una producción variada (diversificación), estrategias para economizar aprovechando recursos (por ejemplo, la reasignación de sobras –como papas podridas– invirtiéndolas como alimento para los chanchos), salir de la casa (trabajo asalariado externo, temporal por periodos), entrar en el mercado para obtener dinero (moneda), etc. Con ello se hace evidente que los flujos de circulación son más amplios de lo que el modelo Keynesiano establece: los gastos para cubrir necesidades, el dinero para comprar cosas al cash; servicios intercambiados, reciprocidades recibidas y donadas, deudas acumuladas y canceladas, etc. De esta manera Mayer utiliza la noción de “transferencias intersectoriales” ubicadas en la interacción <casa campesina-mercado>: por ejemplo, el ejercicio que denomina arbitraje: complejas cadenas de transacciones, compra y venta simultánea de acciones en diferentes mercados para aprovechar las discrepancias en precios buscando el lucro, actitud negociante importante en estos contextos; por otro lado, el trabajo asalariado, efímero o no.

Por último, Mayer expone algunas conclusiones: el mercado les es útil a los campesinos, pero en su vinculación son explotados; a su vez, construyen mercados dinámicos, donde tienden a evitar el mercado monetario-dinero prefiriendo los trueques, pero son también comerciantes que pueden y ciertamente llenan ferias; para finalizar, existe una deficiente circulación “desde arriba” que crea mercados informales, sin ser esta la única razón de la producción de los mismos.

JÜRGEN GOLTE

En este diálogo, la postura de Golte fue la más crítica de los postulados de Mayer. Señala que hablar de la economía campesina involucra hablar de relaciones sociales que exceden la economía familiar, y que por lo tanto la idea de UDC es “demasiado corta para entender lo que pasa en los Andes”, así como la de comunidad, dado que “la toma de decisiones es mucho mayor”: estas deben ser entendidas como ámbitos, que de ninguna manera por sí solos llegan a posibilitar explicaciones lo suficientemente abarcadoras. Para defender su postura Golte trae a discusión la cuestión del narcotráfico: la producción de narcos es el negocio más grande y rico del Perú (no la minería ni otros), y en esta las redes familiares en la red productiva-mercantil de las drogas como la coca y la amapola son centrales. De por sí mucha gente está integrada a dicha red, que a su vez deja de ser únicamente familiar, si bien integra a familias en relaciones de producción y circulación. Este ejemplo le permite entonces resaltar las complejas redes articuladas en los Andes; evidenciar que los campesinos pasan gran parte de su tiempo fuera de la unidad doméstica: los ingresos se adquieren en gran medida afuera; y que, sin duda, dado que este “afuera” no se reduce al espacio rural, la separación campo-ciudad no sirve para estudios antropológicos de gente que no tiene un lugar fijo de residencia, sino varios a la vez.

MARÍA LUISA BURNEO

Burneo argumenta que el encuentro entre las posturas de Golte y Mayer ha sido y sigue siendo vigente como parte de las problemáticas académicas: ¿qué es la economía campesina? ¿Qué es un campesino? Para enriquecer el debate, nuestra profesora ilustra sus consideraciones a partir de un ejemplo sacado de sus propias experiencias de campo: Néstor, un joven adulto piurano que conoce desde niño, el cual labora como forrajero, pescador, pastor, campesino, etc. Este ejemplo le permite resaltar que la UDC no se encuentra aislada, y que su entorno va incluso más allá del mercado.

A su vez, Burneo está interesada en comprender los cambios y permanencias que se dan en el ámbito rural, y a partir de ello expone 4 consideraciones/interrogantes respecto a los procesos del vínculo <casa-chacra-dinero>: la chacra es un elemento productivo y un espacio de significado: ¿Cómo se resignifica esta en la actualidad? En primer lugar, cómo los agentes globales (muchos actores) transforman el espacio en la disputa (confrontación, competencia) por el mismo. En esta disputa emergen nuevos valores (de uso, por ejemplo), se da una revalorización de los recursos y una superposición de lógicas en el mismo espacio, etc. Entonces, ¿cómo entender esto desde la economía campesina y la perspectiva de la unidad doméstica?

En segundo lugar, resalta la importancia de los cambios generacionales, su impacto en la significación de los elementos rurales, como nuevas expectativas y nuevas familias: volviendo al ejemplo de Néstor (hasta Néstor y su generación no se pueden pensar sin sus animales), señala que a los 12 su máxima aspiración era acabar la secundaria, y en cambio ahora es que sus hijos vayan a institutos técnicos y universidades. Por lo tanto, las lógicas de subsistencia y mercado (transferencias referidas por Mayer) cambian con las generaciones; En tercer lugar se encuentra la cuestión del vínculo UD y comunidad campesinas (problema planteado por Mayer en su libro), donde resalta la tendencia, en ciertos contextos, del debilitamiento–quiebra de las comunidades como entes reguladores y controladores del territorio, es decir, en sus funciones políticas.

En cuarto y último lugar está la cuestión de la tierra en la chacra, lo que significa en general (en la vida), sus nuevos usos: la tierra como elemento de negociación, las contra prestaciones de tierra (ámbito privado) y lo que se ofrece para transar dinero (precio de la tierra). Señala que la tierra era antes traspasada entre comuneros, pero que ahora ocurre con privados, lo cual la convierte en un recurso de cambio, lo que a su vez expresa otro cambio generacional: los campesinos viejos no hablaban de vender, mientras los nuevos sí, teniendo en claro que con dicha postura rompen con sus antepasados, entrando en conflicto con sus ideas sobre el valor de la tierra.

MANUEL GLAVE

Glave señala que, con lo dicho, se evidencia que el debate Lenin-Chayanov sigue vigente. Por otro lado, considera que el ingreso rural no agropecuario es cada vez más grande (60%-70%), y mientras más dominante sea este ingreso, menor es la fijeza de la residencia. En ese sentido considera que la categoría de la UDC es utilizable en la medida que se suponga como un espacio social más, teniéndose en cuenta que las múltiples residencias (y los múltiples roles económicos) no necesariamente le quitan importancia y protagonismo a “la casa” en las vidas de los campesinos. Así, la cuestión de la (doble) determinación articulada en el debate Golte/De la Cadena vs Fonseca/Mayer lleva a resaltar que no hablamos de UDC vs empresa/mercado como excluyentes, sino como un acordeón continuo.

ENRIQUE MAYER (réplica, en sus palabras “a nivel de disparos y chistes”)

Mayer resalta que en su exposición habló sobre la economía de “aquellos que no poseen tarjeta de crédito (nuevo título de la ponencia)”, aquellos quienes “no se les permite ingresar al banco por sus fachas y porque venden cigarrillos afuera”. Además se pregunta (contestándole a Golte) ¿Se puede ser criminal-ilegal y campesino a la vez (o como dijo Rochabrún, “delincuencial”)?

ALEJANDRO DIEZ (comentario corto para cerrar)

El profesor Diez considera que la perspectiva histórica es central en los escenarios cambiantes del campesinado: la tarea consiste en estudiar procesos y sentidos, estrategias fenomenológicas más que racionales, economías que nunca fueron cerradas, considerando por ejemplo que en el siglo XIX hubo mayor comercio de tierras que en el siglo XX: ¿son acaso más o menos campesinos por esa razón?

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