La paradoja del Ice Bucket Challenge

Sebastián Argüelles

“Miles de personas han sobrevivido sin amor; ninguna sin agua”. W.H.Auden.

Ice Bucket Challenge realizado en el Boston College

  • La reflexión antropológica está presente en todos los aspectos de la vida cotidiana. Está en los sucesos rutinarios que hemos naturalizado y a los cuales donde podemos dar múltiples interpretaciones. Del mismo modo, la podemos encontrar en los sucesos inesperados, aquellos que escapan de la rutina diaria. El presente ensayo parte de una reflexión sobre uno de estos sucesos, una tendencia global que se volvió viral en las redes sociales y que tienen como punto central el uso del agua. El Ice Bucket Challenge (IBC), una campaña publicitaria filantrópica global, que buscaba promover la conciencia sobre la Esclerosis lateral Amiotrofica (ELA).

Para lograr este fin la campaña planteó a sus colaboradores asumir un reto que consistía en tener que elegir entre donar dinero para la fundación o recibir un baldazo de agua fría. Algunas personas donaban dinero y también asumían el reto. La dinámica poseía ciertas reglas que facilitaban su expansión y difusión mediática. En principio, el reto debía ser aceptado por el nominado en un periodo no menor de 24 horas. Siendo imprescindible filmar el montaje donde se iba realizar el desafío. A la hora de realizarlo el donante debía tomar un balde de agua fría y tirárselo en la cabeza. Para terminar el desafío se debía señalar sí has decido donar o no a la causa y nominar tres personas para que repitan el desafío. En ese sentido, se sobreentiende que el video del desafío debía ser compartido en una red social, siendo Facebook la red por donde se compartieron más videos.

Nadie puede negar el rotundo éxito económico del IBC puesto que llegó a recaudar 100 millones de dólares en treinta días[1] para fomentar la investigación sobre el ELA. Sin embargo, Jason Samenow,  periodista de  The Washington Post, calcula que en los 1.2 millones de videos que se han colgado en la web, cada balde utilizado contiene aproximadamente 15 litros de agua, por lo cual en toda la campaña se habrían desperdiciado 18.927.059 litros de agua[2]. En ese sentido, planteo la siguiente pregunta: ¿Cómo entender el Ice Bucket  Challenge en una cultura de agua?  Para responderla, en la primera parte del ensayo describo la historia del IBC y su impacto global. En la segunda parte, desarrollo el concepto de nueva cultura del agua y su relación con el ICB. Por último, realizo una reflexión sobre la sociedad del riesgo y sobre quiénes asumen el riesgo del desperdicio del agua.

Los comienzos del IBC

Existen diferentes relatos e historias sobre los comienzos del IBC. La mayoría de relatos periodísticos se enfoca en el rol protagónico de Peter Frates, un ex jugador de baseball universitario que fue diagnóstico de Esclerosis Lateral Amiotrofica (ELA) quien es considerado uno de los primeros promotores de la campaña. Sin embargo, Josh Levin en su investigación “Who invented the Bucket challenge?” plantea que existen dos momentos en la historia del IBC. El primer momento, que se inicia a mediados del 2013, donde el desafío no estaba asociado a la enfermedad ELA y la propuesta era nombrada “Cold Water Challenge”. Esta involucraba elegir entre donar el dinero para una investigación contra el cáncer o tener que saltar al agua fría. El segundo momento, se inicia en Junio del 2014 con la realización del IBC en televisión por diversos golfistas profesionales. Allí destacó la figura Peter Frates, quien gracias a su círculo de conocidos y sus relaciones mediáticas logra generar una gran cobertura para el IBC. Fue así que se dio la globalización del IBC. Convirtiéndose en un viral en las redes sociales.

El impacto mediático del IBC en los Estados Unidos y en la mayoría de países Sudamericanos fue sorprendente debido al éxito de la campaña en las redes sociales. Este éxito se tradujo en la producción de 1.2 millones de videos y 2.2 menciones en Twitter. Para entender su éxito hay que considerar la cercanía de la campaña con diversas celebridades de Hollywood, políticos influyentes y deportistas de alta competición. Otro factor clave en el éxito de la campaña fue la generación de cadenas de donantes por medio de la nominación de tres de amigos para realizar el reto.

La gran cobertura mediática también trajo consigo diversos cuestionamientos a la campaña. Entre las voces más críticas se encuentra el periodista Willard Foxton, quien considera que el reto del IBC se había vuelto frívolo y que la mayoría de personas lo realizaba debido a una moda mediática. De igual forma, diversas ONG criticaron la asignación de los fondos conseguidos. Esto debido a que los fondos fueron destinados a desarrollar medicamentos que alivien la enfermedad y no medicamentos que busquen la cura. Por último, diversos sectores de la sociedad criticaron al IBC por su mal uso del agua.

La nueva cultura del agua

Los antecedentes históricos de la  nueva cultura del agua comienzan en el 2003 (año mundial del agua) donde cien expertos abordaron un debate sobre la importancia del agua que culminó en febrero del 2005 con la firma de la declaración europea por la Nueva Cultura del Agua. En esta declaración se asumía el reto de la sostenibilidad hídrica para lo cual es necesario asumir cambios profundos en la escala de valor sobre el agua, en la concepción de la naturaleza, y en el modelo de vida. Según Arrojo, esta nueva postura exige un cambio cultural en materias que se identifica con la creación de una nueva cultura del agua (Arrojo 2006).

Esta nueva cultura del agua se basa en el cuestionamiento de la actuación mercantil de  los gobiernos, en la escasez física de los recursos hídricos y en la conducción del agua por medio de la construcción de grandes embalses (Lopez 2008). Del mismo modo, esta nueva cultura establece prioridades para el uso del agua: en primer lugar, el agua como un derecho humano; en segundo lugar, el agua para conservar los ecosistemas; en tercer lugar, el agua para usos sociales y comunitarios; y por último, el uso del agua para el desarrollo económico y el bienestar social (Hernández & Quesada 2009:35). En resumen, la esencia de la nueva cultura del agua definida por Antoni Gaudí se expresa en una perspectiva de un futuro de cambios sustanciales en las políticas, en las instituciones y en la forma en que los seres humanos nos relacionamos con el agua en nuestra propia cultura (García, 2007: 239).

Esta nueva cultura nos exige cambiar la valoración actual del agua, proponiendo en mi opinión, una nueva valoración que se sostenga en la eficiencia económica, la sostenibilidad ecológica y la equidad social. Para lograr esta nueva valoración es importante crear una conciencia global de lo importante que es el agua para el funcionamiento de la sociedad. Para ello, es necesario crear campañas comunicativas de alto impacto y fomentar la educación hídrica.

En tal sentido, es interesante señalar la paradoja que existe en el IBC. Pues mientras que su fin era crear conciencia sobre la necesidad social de investigar sobre el ELA, paralelamente nos muestra la poca conciencia y valoración que un sector de la población le da al agua. El IBC es un ejemplo de una valoración actual del agua donde no se asimila su importancia en la vida diaria. Para la nueva cultura del agua, el IBC se representa un riesgo social asumido por los donantes y un acto que va en contra de un modelo de vida ligado a la valoración del agua.

El IBC y el riesgo social

La afirmación de un riesgo social asumido por los donantes nos lleva a la reflexión en torno a una cultura del riesgo. El sociólogo Ulrich Beck en su publicación “La sociedad del riesgo global” plantea la existencia de una aceptación social de la mayoría de la sociedad moderna a convivir con una crisis ecológica, política y social (Beck 2009). En ese sentido, la crisis hídrica global es asumida por parte de la mayoría de la sociedad occidental como un problema pendiente pero no latente. Es decir, existe el conocimiento de la importancia del agua, pero debido a contar con acceso al recurso no se asume una valoración necesaria y se toma una posición de riesgo a futuro.

Del mismo sentido, el sociólogo Anthony Giddens en su libro “La política del cambio climático”, plantea la paradoja de Giddens donde se enfoca en los peligros del calentamiento global los cuales nos son tangibles, inmediatos ni visibles en curso de la vida cotidiana, por lo cual gran parte de la población se cruzará de brazos y no hará nada al respecto (Giddens 2010). Esta actitud la podemos encontrar en la mayoría de los donantes del IBC quienes no sufren de los problemas de acceso a los recursos hídricos. Esto nos lleva a la siguiente pregunta: ¿Quién asume el riesgo del desperdicio del agua? La respuesta es sencilla, el riesgo no es asumido por la población que ha desperdiciado el agua sino por los más pobres. Debido a la existencia de una distribución desigual de los recursos ecológicos y la existencia de un poder decisión.

No puedo criticar los fines del IBC pero sí tomar una postura crítica sobre sus métodos. En esa línea, mi crítica al IBC se enfoca en la malversación del agua a la hora de realizar el desafío y la poca la valoración que se le dio al recurso. Esta poca valoración tiene como escenario global una situación de acceso limitado al agua en varios países del mundo, además de la falta de una nueva cultura del agua en la mayoría de países occidentales, principalmente en los Estados Unidos y en Sudamérica.

[1]   http://www.alsa.org/news/media/press-releases/ice-bucket-challenge-082914.html

[2]   http://www.washingtonpost.com/blogs/capital-weather-gang/wp/2014/08/18/how-much-water-has-been-used-in-the-ice-bucket-challenge/

Bibliografía

ARROJO AGUDO, P.

2006                “La Nueva Cultura del Agua en un mundo globalizado”, Fundación Manuel Velázquez Cabrera, Ciclo de Conferencia Nacionalismo y  Globalización, 13 de junio de 2006, Tiscamanita, España, pp.12    <http://www.ecosistemas.cl/1776/article-73339.html&gt;

 

BECK, Ulrich

2009                La sociedad del riesgo global. Madrir: Siglo XXI

 

GARCÍA, J. L.

2006                “La Nueva Cultura del Agua desde la paz imperfecta” 1-239, I Congreso Andaluz de Desarrollo Sostenible, V Congreso Andaluz de Ciencias Ambientales.   Federación Andaluza de Ciencias Ambientales FACAA, España.

 

GIDDENS, Anthony

2010                 La política del cambio climático. Madrid: Alianza 

 

HERNANDEZ María Estela & QUESADA Amelia

2009                  Hacia una nueva cultura del agua en México: organización indígena y campesina. El caso de la presa Villa Victoria.  Facultad de Planeación Urbana y Regional. Universidad Autónoma del Estado de México,México.

López Arnal,

2008                   “Entrevista con Federico Aguilera Klink sobre la nueva economía del agua. Papeles de relaciones ecosociales y cambio global. Núm. 103, otoño 2008. <http://www.rebelion.org/noticia.php?id=80921&gt;

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