Mesa de Diálogo: Discusiones en torno a las economías campesinas en la actualidad

“Discusiones en torno a las economías campesinas en la actualidad”

Revista Anthropía y otras cosas
14 de noviembre del 2014
Enrique Mayer, Jürgen Golte, Maria Luisa Burneo, Manuel Glave

En el evento de Anthropía más concurrido del año, con un ambiente alegre y no por ello menos riguroso, y contando con la presencia de estudiantes y diversos especialistas en la materia, el antropólogo y economista Enrique Mayer nos expuso algunas de sus reflexiones acerca de la economía campesina, las cuales fueron discutidas, comentadas y criticadas por otros antropólogos presentes. A continuación presentamos algunas de las ideas más importantes de esta interesante discusión.

ENRIQUE MAYER

Mayer inició su exposición cuestionando el “modo imperialista de manejar el discurso”, predominante en los economistas, que tiende a desplegar una mirada etnocentrista de lo “racional” reduciendo dicha categoría al costo-beneficio económico liberal, lo que de alguna manera universaliza en el marco teórico del investigador premisas liberales occidentales que no permiten entender a cabalidad las lógicas de pensamiento y acción del campesinado en su diversidad y multiplicidad. Mayer no niega la existencia de dicha racionalidad: en cambio, resalta que no es la única y que por ende debemos hablar de racionalidades en plural, algo que los antropólogos deberíamos tener claro.

Ahora bien, para entender la economía campesina Mayer cuestiona el modelo keynesiano de la circulación, el cual enfatiza la separación entre las instituciones casa-empresa: se supone que el sistema se auto-regula, y donde se ejercen impuestos, inversiones, ahorros, etc. El hogar es el lugar del consumo y de la reproducción social, mientras que la empresa es la institución para la producción de mercancías que el hogar consume: el mercado viene a ser entonces un espacio entre los dos, “un mediador que regula el flujo entre lo que se produce y lo que se consume”. Entonces, en este modelo, “¿Dónde entra el campesino?”: las unidades domésticas campesinas (UDC desde ahora) son unidades de consumo y de producción a la vez, pero lejos de ser autárquicas el vínculo de las familias campesinas con el mercado se ve significado por esta doble función: se preocupan de consumir y comprar tanto como vender, consumen cosas que no producen y producen cosas que no consumen: así por ejemplo, 40% de la comida de los campesinos pobres de Cuzco es comida no producida por ellos (estudio de Figueroa).

A partir de estas consideraciones, Mayer –siguiendo a Gudeman en su trabajo La economía de la casa– señala que la UDC sigue en buena medida lógicas de subsistencia y de mercado a través de una producción variada (diversificación), estrategias para economizar aprovechando recursos (por ejemplo, la reasignación de sobras –como papas podridas– invirtiéndolas como alimento para los chanchos), salir de la casa (trabajo asalariado externo, temporal por periodos), entrar en el mercado para obtener dinero (moneda), etc. Con ello se hace evidente que los flujos de circulación son más amplios de lo que el modelo Keynesiano establece: los gastos para cubrir necesidades, el dinero para comprar cosas al cash; servicios intercambiados, reciprocidades recibidas y donadas, deudas acumuladas y canceladas, etc. De esta manera Mayer utiliza la noción de “transferencias intersectoriales” ubicadas en la interacción <casa campesina-mercado>: por ejemplo, el ejercicio que denomina arbitraje: complejas cadenas de transacciones, compra y venta simultánea de acciones en diferentes mercados para aprovechar las discrepancias en precios buscando el lucro, actitud negociante importante en estos contextos; por otro lado, el trabajo asalariado, efímero o no.

Por último, Mayer expone algunas conclusiones: el mercado les es útil a los campesinos, pero en su vinculación son explotados; a su vez, construyen mercados dinámicos, donde tienden a evitar el mercado monetario-dinero prefiriendo los trueques, pero son también comerciantes que pueden y ciertamente llenan ferias; para finalizar, existe una deficiente circulación “desde arriba” que crea mercados informales, sin ser esta la única razón de la producción de los mismos.

JÜRGEN GOLTE

En este diálogo, la postura de Golte fue la más crítica de los postulados de Mayer. Señala que hablar de la economía campesina involucra hablar de relaciones sociales que exceden la economía familiar, y que por lo tanto la idea de UDC es “demasiado corta para entender lo que pasa en los Andes”, así como la de comunidad, dado que “la toma de decisiones es mucho mayor”: estas deben ser entendidas como ámbitos, que de ninguna manera por sí solos llegan a posibilitar explicaciones lo suficientemente abarcadoras. Para defender su postura Golte trae a discusión la cuestión del narcotráfico: la producción de narcos es el negocio más grande y rico del Perú (no la minería ni otros), y en esta las redes familiares en la red productiva-mercantil de las drogas como la coca y la amapola son centrales. De por sí mucha gente está integrada a dicha red, que a su vez deja de ser únicamente familiar, si bien integra a familias en relaciones de producción y circulación. Este ejemplo le permite entonces resaltar las complejas redes articuladas en los Andes; evidenciar que los campesinos pasan gran parte de su tiempo fuera de la unidad doméstica: los ingresos se adquieren en gran medida afuera; y que, sin duda, dado que este “afuera” no se reduce al espacio rural, la separación campo-ciudad no sirve para estudios antropológicos de gente que no tiene un lugar fijo de residencia, sino varios a la vez.

MARÍA LUISA BURNEO

Burneo argumenta que el encuentro entre las posturas de Golte y Mayer ha sido y sigue siendo vigente como parte de las problemáticas académicas: ¿qué es la economía campesina? ¿Qué es un campesino? Para enriquecer el debate, nuestra profesora ilustra sus consideraciones a partir de un ejemplo sacado de sus propias experiencias de campo: Néstor, un joven adulto piurano que conoce desde niño, el cual labora como forrajero, pescador, pastor, campesino, etc. Este ejemplo le permite resaltar que la UDC no se encuentra aislada, y que su entorno va incluso más allá del mercado.

A su vez, Burneo está interesada en comprender los cambios y permanencias que se dan en el ámbito rural, y a partir de ello expone 4 consideraciones/interrogantes respecto a los procesos del vínculo <casa-chacra-dinero>: la chacra es un elemento productivo y un espacio de significado: ¿Cómo se resignifica esta en la actualidad? En primer lugar, cómo los agentes globales (muchos actores) transforman el espacio en la disputa (confrontación, competencia) por el mismo. En esta disputa emergen nuevos valores (de uso, por ejemplo), se da una revalorización de los recursos y una superposición de lógicas en el mismo espacio, etc. Entonces, ¿cómo entender esto desde la economía campesina y la perspectiva de la unidad doméstica?

En segundo lugar, resalta la importancia de los cambios generacionales, su impacto en la significación de los elementos rurales, como nuevas expectativas y nuevas familias: volviendo al ejemplo de Néstor (hasta Néstor y su generación no se pueden pensar sin sus animales), señala que a los 12 su máxima aspiración era acabar la secundaria, y en cambio ahora es que sus hijos vayan a institutos técnicos y universidades. Por lo tanto, las lógicas de subsistencia y mercado (transferencias referidas por Mayer) cambian con las generaciones; En tercer lugar se encuentra la cuestión del vínculo UD y comunidad campesinas (problema planteado por Mayer en su libro), donde resalta la tendencia, en ciertos contextos, del debilitamiento–quiebra de las comunidades como entes reguladores y controladores del territorio, es decir, en sus funciones políticas.

En cuarto y último lugar está la cuestión de la tierra en la chacra, lo que significa en general (en la vida), sus nuevos usos: la tierra como elemento de negociación, las contra prestaciones de tierra (ámbito privado) y lo que se ofrece para transar dinero (precio de la tierra). Señala que la tierra era antes traspasada entre comuneros, pero que ahora ocurre con privados, lo cual la convierte en un recurso de cambio, lo que a su vez expresa otro cambio generacional: los campesinos viejos no hablaban de vender, mientras los nuevos sí, teniendo en claro que con dicha postura rompen con sus antepasados, entrando en conflicto con sus ideas sobre el valor de la tierra.

MANUEL GLAVE

Glave señala que, con lo dicho, se evidencia que el debate Lenin-Chayanov sigue vigente. Por otro lado, considera que el ingreso rural no agropecuario es cada vez más grande (60%-70%), y mientras más dominante sea este ingreso, menor es la fijeza de la residencia. En ese sentido considera que la categoría de la UDC es utilizable en la medida que se suponga como un espacio social más, teniéndose en cuenta que las múltiples residencias (y los múltiples roles económicos) no necesariamente le quitan importancia y protagonismo a “la casa” en las vidas de los campesinos. Así, la cuestión de la (doble) determinación articulada en el debate Golte/De la Cadena vs Fonseca/Mayer lleva a resaltar que no hablamos de UDC vs empresa/mercado como excluyentes, sino como un acordeón continuo.

ENRIQUE MAYER (réplica, en sus palabras “a nivel de disparos y chistes”)

Mayer resalta que en su exposición habló sobre la economía de “aquellos que no poseen tarjeta de crédito (nuevo título de la ponencia)”, aquellos quienes “no se les permite ingresar al banco por sus fachas y porque venden cigarrillos afuera”. Además se pregunta (contestándole a Golte) ¿Se puede ser criminal-ilegal y campesino a la vez (o como dijo Rochabrún, “delincuencial”)?

ALEJANDRO DIEZ (comentario corto para cerrar)

El profesor Diez considera que la perspectiva histórica es central en los escenarios cambiantes del campesinado: la tarea consiste en estudiar procesos y sentidos, estrategias fenomenológicas más que racionales, economías que nunca fueron cerradas, considerando por ejemplo que en el siglo XIX hubo mayor comercio de tierras que en el siglo XX: ¿son acaso más o menos campesinos por esa razón?

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Gran sorteo antropológico

Revista Anthropía celebra la gran acogida obtenida en las redes sociales (en su acepción informática) con 3 paquetes de revistas, los cuales constan cada uno de una edición de Anthropía No 10,  una edición de Anthropía No 11 y una revista Anthropológica No 11 (revista arbitrada y oficial de la especialidad de Antropología de la PUCP). Para acceder al sorteo deberán darle like a la página de Facebook de Anthropía, compartir (públicamente) el post del concurso y comentar señalando quién o quienes han sido los autores más influyentes en su pensamiento. El concurso es válido para todo el Perú y va hasta el Lunes 10 de Noviembre.

Suerte!

[Audio] Evento: Visiones locales de seguridad alimentaria

“Visiones locales de seguridad alimentaria en Colombia, Perú y Malawi (Assets)”
Revista Anthropía y otras cosas
24 de septiembre del 2014
Dr. Carlos A. Torres Vitolas

El sociólogo Carlos Torres, a partir de su trabajo en el proyecto ASSETS, nos expone algunos de los principales resultados de investigaciones en diferentes lugares del mundo (Colombia, Perú, Malawi) en torno a conocimientos locales respecto a la relación humano-naturaleza y el lugar de la alimentación en la misma. Las investigaciones buscaban conocer “qué tan bien están alimentadas las personas” y “de dónde viene lo que come la gente”, como también “el impacto directo e indirecto (lo que consumo, produzco, vendo) en el ambiente. El objetivo es la búsqueda de desarrollo sostenible y la seguridad alimentaria de la gente –a partir de los beneficios y servicios del sistema de alimentación local–, la cual existe cuando “toda las personas de todos los tiempos tienen acceso físico, social y económico a la comida que necesita.”
Torres también comenta de manera crítica cómo el trabajo interdisciplinario en dicho proyecto implica cierta desvalorización, desde otras disciplinas, de las ciencias sociales y particularmente a la investigación cualitativa: “los servicios culturales son el rincón de los científicos sociales”. Ello se da a partir de los servicios eco-sistémicos de producción, regulación y apoyo, clasificación de los servicios naturales. Para Torres, ellos “se dieron cuenta que producimos mucho más de lo que necesitamos y para eso crearon el servicio cultural”. El trabajo conjunto de estos servicios ha de contribuir a definir qué se puede explotar y a partir de qué técnicas es posible hacerlo sostenidamente. Ello implica una modelación de la intervención, la predicción de escenarios y la evaluación económica.
Argumenta que toda la investigación implica ver cómo la gente consume y buscar maneras de empatas la visión del actor creador local con las ciencias. Lamenta que todo tienda a manejarse a partir de discursos economicistas del costo-beneficio monetario. En ese sentido rescatar lo local es una manera de generar problemas, “ruidos” a los planes de los científicos naturales: les permite ver que no son tan inteligentes, que creerse dueños de la verdad puede tener consecuencias graves para la vida de la gente y que por ende deben considerar sus puntos ciegos, ideas alternativas y afinar mucho sus planes. En esa línea distingue entre lo pluri, inter y trans disciplinario: lo es que cada uno hace lo suyo y de deja en manos de los políticos las decisiones de juntar o no los trabajos separados; lo involucra una problemática común, es decir, compartir las soluciones; por último, en lo se asume lo inter pero se busca llevar la discusión a niveles de mayor alcance: que el trabajo conjunto lleve a la toma de decisiones y a lo normativo en su conjunto, es decir, no cortar la articulación de disciplinas en el nivel de “la política”. Ello involucra reuniones periódicas, todo un proceso llevado de manera conjunta, bajo ejes temáticos fijados.

Marcos de aproximación al conocimiento local
Torres y su equipo, a partir de una perspectiva socio-antropológica, entienden la naturaleza como una construcción social, es decir, producto de la tradición de determinada población local, lo cual implica que dicho conocimiento no es homogéneo ni inmutable. Desde esta mirada el conocimiento y las experiencias locales pueden ser usados para mejorar los indicadores de medición de seguridad alimentaria (SA), lo cual cuestiona el lugar común positivista que postula que “el conocimiento local no es relevante respecto a las mediciones objetivas científicas”. Para ello se considera que las relaciones de producción locales no deben ser obviadas, aquella transformación que las signa como mercancía. La SA como objetivo implica comprender dicha transformación, en la medida que “los recursos naturales están desde siempre ya transformados: la gente se relaciona con estos y con otras fuentes”. Por otro lado, el equipo toma en consideración que “las culturas indígenas no está preocupados en distinguir entre la naturaleza y la cultura (Latour- Actor Nerwork Theory and potential challenges).
Trabajo actual en comunidades: resultados cualitativos
Los países seleccionados poseen 3 características en común: una pobreza rural predominante, alarmante desnutrición y profundos efectos de cambio climático. Así por ejemplo, Pucallpa (Perú) es una “zona donde habrá caída libre: ya se superó la resistencia del bosque de volver a reproducirse por los cambios en el clima, suelo, etc. Es un proceso de desforestación rápida por cultivo de alfalfa y tala ilegal de madera. Torres argumenta que es necesario considerar que la gente no toma todo el tiempo decisiones binarias de sí y no, y a su vez mapear los elementos que traducen la relación con lo natural: fuentes naturales, “Farmland”, mercado, alimentos, así como organizaciones comunales e institucionales.
En Colombia el monte, río y chagra (chacra) son percibidos como una unidad sin división, y la comida “tiene que ser rica y fuerte, comida tradicional y no importada”. En cambio, si bien en el Perú la tierra agrícola, los montes y ríos son pensados como separados, se mantiene la idea de que “siempre hay algo que comer”, donde lo natural es lo saludable y lo del mercado variable y saludable solo si tienes dinero para comprar. Por otro lado, en Malawi el maíz es la base de las comidas, donde se integran los vegetales verdes, frijoles, pescado, etc. Hya niños que venden ratones asados en las carreteras (que aparecen luego de las cosechas), y en algunos momentos específicos la gente literalmente se muere de hambre: “necesitamos más y más porque somos pobres y no podemos vivir”. En este lugar existe una mención constante de la ayuda alimentara que reciben del Estado, y de la disponibilidad de comida en ciertos periodos: adaptación, disponibilidad de recursos, “tenemos los recursos pero no podemos acceder a estos”. Por lo tanto necesitan ayuda del Estado para tener acceso a productos básicos, dinero y estabilidad económica.

El audio completo del evento lo pueden escuchar aquí:

https://www.dropbox.com/s/pnyxjii1l74kg8x/Seguridad%20alimentaria.mp3?dl=0

[Video] Evento: El desarrollo en debate

“El desarrollo en debate”
Revista Anthropía y otras cosas
24 de septiembre del 2014
Norma Correa, Alejandro Diez, Erik Pozo

El desarrollo como temática académica teórico-práctica tiene un lugar central en la antropología de nuestro país, así como en otras disciplinas. Al respecto, en esta ocasión tres antropólogos y docentes de nuestra casa de estudios expusieron algunas de sus principales ideas entorno al devenir del desarrollo como espacio de trabajo de los antropólogos y por lo tanto del saber antropológico como praxis. El punto de partida de sus opiniones fue responder a tres preguntas sugeridas por la revista: 1) ¿Cómo responde la academia a los cambios laborales generados por la proliferación de proyectos de desarrollo? 2) ¿Se puede decir que la antropología ha asumido el imperativo de desarrollo y si es así, cómo este ha sido incorporado a la práctica profesional? 3) ¿Qué posición tiene con respecto al debate sobre la antropología para el desarrollo y la antropología del desarrollo? A continuación, exponemos lo que consideramos los puntos más relevantes de las opiniones de nuestros ponentes invitados.

Erik Pozo

Para el profesor Pozo la academia responde al lugar del desarrollo en el mercado laboral adaptándose a la agenda del Estado, lo cual ocurre en parte por una razón práctica: en el Estado hay fondos de investigación. Existe un incremento de espacio para antropólogos en instituciones estatales, en gestiones donde aportamos y que pueden conviertirse en nuestra preocupación principal como investigadores. Resalta que el financiamiento de investigaciones no abunda para la antropología, es decir, no existe necesariamente seguridad laboral en el campo del desarrollo: es necesaria cierta independencia económica y cierto tiempo para reflexión para proyectos que imponen restricciones, lo cual no siempre es visible para los jóvenes estudiantes recién ingresantes entusiasmados en cambiar el mundo. En ese sentido señala que la antropología es ejercible en otros espacios y labores (como la de “mercenarios de las industrias extractivas”), y que por lo tanto no posee equivalencia con “el antropólogo” como académico (grados, títulos, publicaciones, investigaciones, etc.).

Norma Correa

Correa comenta que como estudiante universitaria partió del interés por mejorar su entorno, y encontró en la antropología una mirada y formación críticas adecuadas para realizar dicha motivación. Por otro lado, entrar al mercado laboral de gestión, investigación y aplicación del desarrollo es una tarea que presenta límites y complicaciones para los antropólogos en la medida que son espacios donde “no somos ni mayoría ni la voz cantante”: la traducción es necesaria dado que nuestro saber no es el hegemónico y existe la tendencia de darle menor valor a la investigación cualitativa. Esta involucra aprender de los registros discursivos de los otros para poder reconocer y exponer nuestros activos como investigadores, y así convencer y defender frente a otros profesionales –en no pocas ocasiones más “empoderados” que nosotros– nuestras hipótesis, buscando vender el financiamiento de nuestras investigaciones como algo justo y necesario (lo que ella denomina “conocer el ecosistema de investigación”). Todo ello conlleva sustentar comparativamente nuestros argumentos, y no solo postularlos como intuiciones. En ese sentido ella valora las limitaciones mencionadas en la medida que exigen al investigador de nuestra profesión ampliar sus habilidades sociales con personas de otras disciplinas y miradas en general.

Para Correa el deber de la antropología respecto al desarrollo involucra principalmente tres cuestiones: 1) estar alerta con recetas/soluciones mágicas a procesos complejos; 2) “ponerle el pare” al esencialismo bien o mal intencionado; y 3) des-culturizar la agenda política: la cultura no explica todo, así postulada pierde rigor y nos ponemos cave a nosotros mismos como antropólogos frente a los demás profesionales. A su vez, considera que existen dos procesos paralelos respecto a la antropología en el desarrollo: el desarrollo como objeto de estudio y antropólogos en el mercado laboral (relaciones).

Respecto a la temática en Latinoamérica, opina que hay “mucha casuística”, con actores en parte guiados por modas, que muchas veces buscan encajan en el “modelo fantaseado del antropólogo”. Para ella las ONGs son un mercado decreciente con menos “proyectos de desarrollo” y más “política pública”: por lo tanto surgen otros actores. Además, señala que en este campo (considerando a los agentes estatales como actores muchas veces protagónicos) existe una predominancia del registro legalista, lo cual debe ser considerado en nuestras estrategias para lidiar con dichos actores. Esta tarea, y en general la formación académica antropológica, debe ser realizada sin subyugar la formación docente a las demandas del mercado: en pocas palabras, debemos saber vender bien nuestros activos profesionales, sin ceder terreno ante exigencias externas que hagan que estos pierdan rigor.

Por último, la profesora Correa sugiere al alumnado aprovechar la tesis y las prácticas de campo para desarrollar habilidades antropológicas y siempre considerar este trabajo/oficio como un “ejercicio de transparencia”.

Alejandro Diez

Para el profesor Diez existe una tendencial distinción en el “discurso de legitimidad” de la antropología como ejercicio: en el “primer mundo” la teoría puede ser vista como lo más noble y la práctica como su “hermano menor”; en cambio, en el tercer mundo existe la tendencia de que los antropólogos trabajen en ambos frentes, moviéndose constantemente en esta línea de continuo teórico y aplicado. Por otro lado, considera que un proyecto puede y ciertamente tiene diferentes lecturas, y en ese sentido siempre triunfa y fracasa a la vez. Para él criticar es algo muy fácil, y en esa medida debemos defender la práctica.

A su vez, resalta tres cuestiones importantes respecto a las habilidades prácticas del ejercicio de la antropología en el campo del desarrollo (y de la profesión en general): 1) la comprensión del fenómeno y por lo tanto de todas las personas involucradas (población, investigadores, gestores, etc.). Este es para él el “dispositivo del desarrollo”; 2) comprender lo que la gente quiere (suponiendo que saben; no siempre está claro ni para ellos ni para uno); 3) considerar que la población ejerce un sentido de la realidad potencialmente diferente al nuestro, y que por ello es tarea de la antropología busca los límites de dichos sentidos divergentes.

Para Diez el mercado laboral es amplio y rico al ser articulado por actores con habilidades externas a lo que nos enseñan, muchas de las cuales envidiamos pues nos serían de suma utilidad para nuestro oficio: en ese sentido menciona a los “sacha-antropólogos”, tales como ingenieros, abogados, etc. que ejercen sus profesiones en posiciones “ideales” para el antropólogo como “puente intercultural”. Por ello resalta la importancia de desarrollar nuestra capacidad para vincularnos con la gente, buscando construir conocimiento sobre las formas locales correctas de relacionarse: la necesidad de construir puentes entre la academia-antropología y otras habilidades y profesiones. Para Diez “la realidad es siempre perversa”, y siempre requeriremos trabajar estas necesidades.

También señala que el éxito de la formación se encuentra en el hecho de que “nos formateamos al interiorizar como obvio un sentido de la realidad antropológico”, donde necesitamos desarrollar reflexión y habilidades sociales. Por otro lado, y en la misma línea que la profesora Correa lamenta que desde otras profesiones los “activos” de nuestra disciplina no sean muy valorados aún, y para ello pone el ejemplo del Estado: el Ministerio de Cultura tiene una división del trabajo que deriva “tareas de patrimonio” a los antropólogos y arqueólogos y la Consulta Previa a los abogados.

Finalmente, y volviendo a la cuestión de la teoría y la práctica, considera que “actuar” (el polo más práctico) es una “tendencia sana a condición de que no sea exclusiva: la antropología se debe dirigir a la práctica”. En ese sentido señala que “el saber por saber es tan legítimo como el saber para transformar”. A su vez, resalta que la antropología de la PUCP es de buen nivel mundial (donde el más mediocre de nosotros posee un nivel académico aceptable en comparación con el mundo), pero que lamentablemente es élite exclusiva en nuestro país. Considerando estos aspectos opina que, respecto a nuestra responsabilidad y ética profesional y humana, “no es tanto dónde o para quién trabajas sino cómo”: en esa medida, tanto teoría y práctica deben estar siempre guiadas por la preocupación respecto a “¿qué efectos tienen mis actos en el contexto que intento cambiar?”

[Video] Evento: Márgenes del Estado

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Anthropía Revista de Antropología y otras cosas
Reseña del segundo evento 2014
20 de junio del 2014
Los Márgenes del Estado

En el segundo evento de Anthropía en el 2014 los antropólogos y profesores Deborah Poole (Johns Hopkins University) y Gerardo Damonte (PUCP; Cornell) nos expone algunas de sus reflexiones acerca del concepto de “márgenes del Estado” desarrollado por aquella. Ambos autores coinciden en que estos márgenes son articulados por el accionar de distintos actores a través de lógicas culturales que exceden la normativa estatal y que se ven constantemente signadas por el neoliberalismo y sus matices.

Deborah Poole

La profesora Poole se encuentra actualmente realizando un proyecto en el Cuzco. Ella expone su concepto de <Márgenes del Estado> Como un espacio-momento, referido al Estado como un ejercicio de su soberanía a través de determinados agentes cuyos actos son irreductibles a la normativa que los condiciona. Señala que hacer inteligibles estos márgenes (si bien señala que la distinción de estos no necesariamente es legible en algunos contextos) refiere a una dinámica de visibilización más que de localización, es decir, no parte de territorios formalmente normativizados, sino de relaciones de poder. Dicha visibilización debe cuestionar las tradicionales concepciones estáticas sobre las clasificaciones sociales y sobre la “presencia o ausencia del Estado”, buscando notar qué es, qué hace, dónde y cómo interviene o no: lo que ocurre en las “sombras del Estado” bajo su permisibilidad, lo cual puede o no exceder lo teóricamente legal. Por lo tanto para Poole esta búsqueda no debe perder de vista la aplicación de la ley y el castigo.

Poole nos habla de un “Estado de Derecho Neoliberal”, a partir del cual lo prohibido y lo permitido implican –siguiendo a Foucault– un amplio espectro de permisibilidad. Para ello ofrece el ejemplo del gamonalismo en la década de los 80, en Cuzco: los gamonales tenían un amplio y estable control de las redes sociales, más que exclusividad sobre los medios de producción, es decir, su favorable relación con el mercado les posibilitaba un extenso y campo de maniobra. Así mismo, postula que actualmente la corrupción ligada a la descentralización integra un contexto en el cual el capitalismo tiende a ser más fuerte en regiones de “sitios alejados”: centros y supuestos márgenes. En ese sentido la permisibilidad estatal opera en donde aparentemente “no llega”.

Gerardo Damonte

El profesor Damonte argumenta que la cuestión de los márgenes es una búsqueda para problematizar la idea del Estado latinoamericano. Señala que el concepto de <márgenes del Estado> de Poole le ha sido de suma utilidad para la comprensión del ejercicio de poder en zonas rurales, y específicamente en la macro minería en la Amazonía. Para Damonte el Estado es una amplia red de actores de organización jerarquizada, un espacio de pugnas y tensiones reversibles en determinados contextos, el cual “llega y no llega de maneras y a través de caras distintas”. Por otro lado, Damonte concuerda con Poole en el reconocimiento de la existencia y predominancia del Estado neoliberal, donde identifica una de sus lógicas de acción en los contextos que investiga: dar la tierra para quién la trabaje y produzca y no para quien la necesita.

Para Damonte la idea del <Estado Permeable> no aplica lo suficientemente en la Amazonía, y por lo tanto los márgenes del Estado no son fijamente legibles en la medida que no hay una <cosa formal-legal> que se respete, es decir, en torno a lo formal, legal  e ilegal existe un amplio espacio para “no terminar de cubrir la formalidad y las normas legales”: los mineros juegan en esa posición, y la mayoría “no son ni ilegal ni legal”. En esa medida, existe una interpretación de la legalidad donde los agentes de la minería subordinan los conocimientos de los agentes estatales bajo los suyos. La fórmula sería Estado, yo conozco mejor que tú este terreno y su realidad puesto que tengo los recursos y la experiencia: por eso te ayudaré diciéndote qué hacer. Por lo tanto el Estado es el actor menos poderoso de la Amazonía, debido a su incapacidad para cubrir las demandas articuladas en el funcionamiento de la explotación neoliberal de la minería. Esta “debilidad” se acrecienta en la medida que la minería informal establece “fronteras móviles” más allá de su presencia territorial.

Aspectos neoliberales de los márgenes del Estado

La profesora Poole resalta que para el Estado neoliberal, gobernar es dejar actuar y  funcionar al mercado, y por lo tanto interviene no interviniendo en la competencia: no planifica, solo cede espacio para que otros obren. En este accionar, el desempleo es visto como condición transitoria necesaria y positiva porque genera “competencia de emprendedores”. Por ello ella considera que el afán de lucro y la “libre competencia” son vistas como sagradas, y la pobreza es articulada discursivamente como un error y no como parte y función del sistema.

A su vez, para el profesor Damonte la idea del crecimiento económico como discurso oficial es re-significando por los mineros informales: “hemos crecido, somos muchos, Madre de Dios tiene riqueza gracias a la minería. Vayan a molestar a las mineras grandes, que no dejan nada. Nosotros hacemos patria”. Ello lo identifica con la ideología neoliberal, donde la libertad individual es en sí mismo un hecho de patriotismo: el bien común se reduce al mercado y por lo tanto “no hay proyecto país, sino una feria donde gobierna el axioma económico neoliberal. En suma, ambos antropólogos consideran que esta forma política estatal implica violencia capitalista excluyente con los que menos tienen.

Finalmente, compartimos los 02 enlaces para ver el vídeo del evento completo: